CONTENIDO

1. La poesía lírica
2. Safo
3. La poesía de Safo se vuelca únicamente hacia el amor








1. La poesía lírica. Periodo arcaico

En el siglo VII a.C. se producen en Grecia, importantes transformaciones. La colonización ha abierto nuevos caminos acrecentando el intercambio comercial y ampliando el horizonte de la cultura. Muchos dejan sus ciudades en busca de fortuna o movidos por el descontento político. En los estados griegos son frecuentes las luchas de clase y los conflictos entre ciudades rivales. El poder de la aristocracia se debilita y ésta es desplazada en el gobierno de la polis por los tiranos que procuran el respaldo de la masa. En esta época (siglos VII-VI), que podemos llamar de transición hacia la democracia, floreció la lírica. El término tuvo originariamente un sentido estrictamente técnico: significaba que el poema se cantaba con acompañamiento de lira, instrumento semejante a la cítara aunque de menor tamaño. La lírica se diferenciaba de la elegía, por ejemplo, en que esta última requería acompañamiento de flauta; y del yambo, en que éste no era cantado, sino declamado sin acompañamiento musical. El concepto de lírica como género que comprende toda creación poética que de alguna manera revela el mundo personal del poeta, es una elaboración tardía que tiene la ventaja de simplificar las cosas en el complejo panorama de la métrica griega.
En suma, al hablar de lírica griega nos referimos a la creación poética que difiere del epos y del drama tanto por su estructura como por su función.
El origen de la lírica es impreciso. En el canto IX de “La Ilíada” encontramos a Aquiles deleitándose con una hermosa lira, labrada, de argénteo puente.
Al cambiar las condiciones económico-sociales no se compusieron en la Hélade nuevos poemas épicos. Homero siguió vigente, pero el cuadro social en el que surgieron “La Ilíada” y “La Odisea”, había cambiado. La evocación nostálgica del pasado heroico que hacía del aedo ante su auditorio de aristócratas no cabía ya en la floreciente ciudad comercial donde, según André Bonnard, “se formó y pronto se consolidó una burguesía que eliminó, uno a uno, los privilegios del sector dominante, integrado por nobles propietarios de tierras”.
El poeta lírico vive su época, está inmerso en lo actual. La materia para sus cantos la encuentra en sus propias experiencias y en el mundo circundante, lo que hace que la lírica ofrezca una riquísima variedad temática. Desgraciadamente, la mayor parte de la obra de los líricos ha llegado hasta nosotros en forma muy fragmentaria, por lo general a través de citas de gramáticos y críticos alejandrinos quienes, atendiendo más que nada a los aspectos generales de la lírica, clasificaron las poesías según el objeto de las mismas. Tenemos así dos grandes grupos: el de las poesías dedicadas a celebrar a los dioses y el de aquellas que cantan asuntos humanos.

Dentro del primer grupo debemos destacar:

1- el himno, composición íntimamente ligada a la épica, tanto por la forma como por el contenido. Se ha conservado una colección de treinta y tres himnos que la Antigüedad atribuía a Homero. Al parecer estos himnos sirvieron como preludio a los recitados de los rapsodas.
2- el ditirambo, poema coral, de origen dionisíaco.
3. el pean, originariamente consagrado a Apolo y Artemisa. (En el canto XXII de “La Ilíada”, dice Aquiles, después de haber matado a Héctor : Ahora, ea, volvamos, cantando el pean, a las cóncavas naves y llevémonos este cadáver. Hemos ganado una gran victoria.) De carácter coral como el anterior, fue utilizado posteriormente en ocasiones solemnes para celebrar a otros dioses y también a semidioses y mortales.

Dentro del segundo grupo conviene destacar:

1- el encomio, que ensalza las virtudes humanas. Según Bowra, el encomio alcanzó amplia difusión en el siglo VI, ya que los tiranos procuraban ser elogiados por los poetas.
2- el epinicio (raíz: niké, victoria), que celebraba triunfos de guerreros y atletas.
3- el escolio, canción de bebedores, que se entonaban en banquetes y festines.
4- el trenos, poema de asunto triste a propósito de la muerte, la desgracia o la derrota.
5- erótica se denominaba toda poesía de carácter amoroso, mientras el epitalamio era una canción de bodas.
6- satírica o silos, poesía en la que toda circunstancia de la vida, aún la más simple y cotidiana, puede ser objeto de poesía.

Un criterio más moderno abarcaría la poesía política, la filosófica, entre otras.




2. Safo

Una de las más destacadas y originales manifestaciones del lirismo tuvo origen en la isla de Lesbos, patria, según la tradición de Arión y de Terpandro. Allí vivieron hacia fines del siglo VII a. C Safo y Alceo de quienes se ha conservado un número reducido de textos en su mayor parte mutilados, que alcanzan, sin embargo, para ilustrarnos acerca del notable desarrollo que alcanzó la lírica monódica en aquella isla próxima a las costas del Asia Menor.

“Hacia el año 600, Safo presidía en Mitilene de Lesbos una cofradía de muchachas consagradas a Afrodita, a las Gracias y a las Musas. Ella misma denomina su casa “morada de las servidoras de las Musas”. …La institución de Safo no es otra cosa que una “escuela”, bajo el patronato de divinidades femeninas del amor, la belleza y la cultura.
…Para Safo, se trata de ayudar a las jóvenes que viven con ella -por medio de esta vida compartida, la práctica de las artes, la devoción a Afrodita, el culto de las Musas - a realizar en la sociedad en la muy pronto ocuparán un lugar, un ideal de belleza femenina que las diosas que veneran fueron las primeras en encarnar.
Estas muchachas se casarán. Casada ella misma, y también madre de una jovencita a quien compara con un manojo de pimpollos de oro, simplemente Safo preparaba para el matrimonio, realización de la mujer en el júbilo y la belleza, a las muchachas que le eran confiadas”.

André Bonnard: De la Ilíada al Partenon


Safo mereció en la Antigüedad los más fervorosos elogios tanto por la sinceridad con que confiesa sus íntimos sentimientos y emociones como por la riqueza de su estilo. La poesía se expresa en dialecto eolio empleando las formas métricas más variadas, entre las que se destaca la llamada oda sáfica. Su técnica tan depurada, su aprovechamiento al máximo de los recursos rítmicos del lenguaje, convirtieron a Safo en modelo ineludible en el desarrollo posterior de la lírica, tal como se aprecia en la obra de los líricos latinos Catulo, Horacio y Ovidio.
En el Tratado de lo sublime de Longinos se señala a propósito de los versos de Safo que se transcriben a continuación: “Su perfección específica consiste en la felicidad con que selecciona y conecta los rasgos más notorios y poderosos. ¿No parece maravilloso que en el mismo instante alma y cuerpo, oídos, lengua, ojo y colores se derrumben, y que se desvanezcan como sino fueran suyos? Sus sensaciones se contradicen entre sí, que se siente helada y ardiente, que se enardece y razona a la vez. Y esta descripción ha sido concebida para mostrar que no la asalta una emoción específica, sino que irrumpe un tumulto de emociones diversas. Todas ellas pertenecen a la pasión amatoria, pero en la selección hallamos los rasgos más destacados y la combinación de ellos ofrece un cuadro unitario que nos proporciona las claves de la perfección de Safo”.

Me parece igual a un dios, el hombre
que frente a ti se sienta, y tan de cerca
te escucha absorto hablarle con dulzura
y reírte con amor.
Eso, no miento, no, me sobresalta
dentro del pecho el corazón; pues cuando
te miro un solo instante, ya no puedo
decir ni una palabra;
la lengua se me hiel, y un sutil
fuego no tarda en recorrer mi piel,
mis ojos no ven nada, y el oído
me zumba, y un sudor
frío me cubre, y un temblor me agita
todo el cuerpo, y estoy, más que la hierba,
pálida, y siento que me falta poco
para quedarme muerta.”

(Traducción de Juan Ferraté)



“Introducción a las literaturas griega y latina”
De Héctor Galmés
Ediciones de Banda Oriental.
Montevideo, Uruguay, 1974.



3. La poesía de Safo se vuelca únicamente hacia el amor.


La vida de Safo es muy mal conocida. Fue contemporánea de Alceo, es decir que vivió al final del siglo VII y a comienzos del VI. Nacida probablemente en Eresos, vivió sobre todo en Mitilene. Sufrió el exilio, evidentemente como noble, hacia el mismo tiempo que Alceo, y se volvió a Sicilia. Tenía dos hermanos, que eran nombrados en sus versos: uno de ellos, Caraxos, habiendo hecho locuras por la cortesana Rodopis, Safo, en una canción, había atacado vivamente a la cortesana y a este hermano pródigo. Diversos relatos nos dicen que se casó y tuvo una hija llamada Cleis. Hay leyendas que nos la muestran enamorada del bello Faón y precipitándose de lo alto del peñasco de Léucade; éstas son invenciones de la comedia griega. Las tradiciones, hacen de Safo una mujer de costumbres perdidas: habiendo cantado mucho al amor, se le atribuyen todas las debilidades, sin distinguir entre las pasiones que describía en sus Epitalamios y las que ella había podido sentir por sí misma. La verdad es probablemente muy diferente y menos romancesca. Safo estuvo siendo toda una poetisa, tenía una clase de escuela de poesía lírica, donde jovencitas formadas por ella se preparaban para la ejecución de las odas. Otras escuelas análogas y rivales son mencionadas en sus versos. Las mujeres gozaban en Lesbos de una gran libertad, que más tarde Grecia no comprendió. En las escuelas poéticas, entre mujeres artistas, amistades ardientes, odios y celos no podía faltar en levantarse . Hay de todo eso en los versos de Safo. La comedia ática se divierte y disfraza a placer la realidad.
Que Safo haya por otra parte a veces probado por su cuenta las pasiones que ella expresa tan elocuentemente, no tratamos de negarlo. Lo que solamente es seguro, es que si hubiera sido la mujer difamada que se dice, los Mitilenos no la hubiesen podido celebrar en odas nupciales tantos casamientos legítimos y no le hubiesen rendido tampoco los honores de los que habla Aristóteles. Cualquiera que sea, su gloria literaria está por encima de toda discusión y no se presta a ninguna oscuridad.
Las poesías de Safo formaban en la Antigüedad nueve libros, que comprendían canciones en diversos metros, epitalamios, elegías, himnos. No nos quedarían más que restos si Denis de Halicarnaso y Longino no hubieran tenido el feliz pensamiento de citar dos odas más o menos enteras. Cualquiera que fuera la variedad de los poemas de Safo, esta variedad parece haber sido en la forma, más que en los temas; en el fondo. Safo es ante todo la poetisa del amor y de la belleza. Lo que cambia, es la ocasión de este amor y la naturaleza de los sentimientos que allí se refieren, ya más personales, y ya más generales, ya alegres y ya tristes. De allí cambios de ritmos, que denotan un arte sapiente y delicado. Pero el dueño de su pensamiento, es siempre Eros, que canta con una mezcla original, de pasión y de ingenuidad.
La belleza que celebra es sobre todo riente y graciosa, es la de la "amable Afrodita" más bien que la de la majestuosa Atena. "Oh puras caritas de brazos de rosa, hijas de Zeus", decía en una de sus odas. Y Filóstrato, a este propósito, nota que Safo tiene por la rosa una predilección especial, que la elogia sin cesar y que le gusta comparar con ella a las más bellas de sus compañeras. Estos versos, dice Demetrio, están llenos de amor de alciones, de primavera. Se mofa de una rival que no sabe disponer con elegancia los pliegues de su vestido. "No se hace la orgullosa por una sortija", dice en otra "¿No es un rasgo bien femenino este amor de las flores, de la belleza brillante y bien parecida?
Esta belleza encantadora arroja a Safo a una embriaguez ya dulce y ya violenta. En el estado de mutilación en que sus versos nos han llegado, no está siempre permitido el saber si es ella misma que habla o si hace hablar o si hace hablar a algún enamorado; pero importa poco que hable bajo su nombre o bajo el de un personaje más o menos ficticio, es siempre su alma que ella expresa. Pero el alma que vive en sus versos es ardiente y apasionada.

"Deseo y ardo.
El amor me tortura, domador de los miembros,
dulce y amargo a la vez, monstruo invencible".
"El amor quiebra mi alma, parecido al viento de
la montaña que se abate sobre los robles"

Y sobre todo este pasaje, donde la dulzura de las imágenes en los primeros versos hace tan vivo contraste con la pintura intensa de la emoción física en los últimos:

"Aquello me parece igual a los dioses que se
sientan delante tuyo, y de muy cerca, oyen tu voz
tan dulce.
Tu risa amable que funde mi corazón en mi pecho. Desde que mi mirada te distingue la voz me falta.
Mi lengua es seca, un fuego sutil corre bajo
mi piel, mi vista se turba y mis orejas zumban.
Estoy bañado en sudor; un temblor me toma por
entero; mi color se asemeja al de la hierba, y casi
me siento morir".

Estos versos admirables, imitados por Teócrito traducidos por Catulo, luego por Racine, han quedado como el tipo eterno de amor violento y profundo que se apodera de todo el ser, que o deseca hasta la médula y que se vuelve como una tortura física.
Los Epitalamios parecen haber tenido, en la obra de Safo un lugar importante. A juzgar de ello por los fragmentos, allí se encontraba menos pasión que en las otras odas, pero más ingenuidad pintoresca. En ninguna parte Safo se ha tenido más cerca del arte popular. Con una habilidad consumada pero discreta, en ellos reproduce la hechura corta y casi infantil, las repeticiones de palabras, las reposiciones, las hesitaciones aparentes, a veces la alegría un poco grosera, y todo eso en metros cortos, mezclados de refranes. Sus chanzas sobre el esposo campesino y el portero de bodas eran célebres.

La oda a Afrodita es como un abreviado de todo el arte de Safo, de su emoción de su fineza, de su elegancia, de su dulzura brillante y pura.

Safo fue muy gustada por los Alejandrinos, en particular por Teócrito, que a veces la imita. Esta ingenuidad espiritual y un poco querida, esta sobriedad elegante y fuerte son en efecto cualidades que las épocas muy refinadas aprecian mucho. Hay no obstante en ella más ingenuidad verdadera, más sencillez que en sus imitadores, y esto es lo que hace su encanto.


Manual de historia de la Literatura griega.
II Lirismo y orígenes de la prosa.
Autor: Mauricio Croiset.

Organización taquigráfica Medina, Montevideo.